Los ropajes de mamá.

Lic. Guastadisegno, Mariana.

Mariela de 53 años se presentó a consulta recomendada por una conocida de ella del área Jurídica, de la cual ambas comparten la misma profesión. Refirió de sí “soy abandonica”, de ello desplegó que había iniciado un tratamiento anterior con otra profesional de la psicología por “ataques de angustia, miedo a la velocidad, imposibilidad de trasladarse en transporte público” lo cual comenzó a experimentar tras un accidente de tránsito. Al fallecer su madre, no continuó con dicho tratamiento dado que según ella, le molestó que la profesional le haya enunciado que abone los honorarios surgidos por sus ausencias, cuando la paciente refirió que pensaba pagarlos.

Manifestó “hay que devanar un misterio” en relación a su madre, “ella falleció intempestivamente, la encontré muerta en su casa”; su madre vivía cerca de su casa, en cuanto a la cercanía enunció que “había sido un logro personal haberla traído. Tras un mal negocio de mi hermana, mi madre se quedó sin casa.”

Intervine ¿un misterio?, de ello desplegó que su madre había repetido en diversas oportunidades, “Dios no quiso que yo estuviera en la muerte de mi mamá ni de mi papá”. Mariela había escuchado esas palabras pero no sabía a qué se refería con ello su mamá. Antes de su muerte se lo preguntó y ella le respondió que no había tenido buena relación con sus padres, pero sí con sus abuelos quienes la habían criado y a quienes ella acompañó hasta sus últimos días.

Luego, agregó un segundo misterio. A sus 19 años nació su primer hijo de soltera, para aquel entonces ella vivía con ambos padres. Al año del niño, ella le escribe una carta al padre de su hijo, quien al tiempo va a conocerlo. En esa visita él le propone casamiento y convivir en otra ciudad. Ella aceptó, pero de ese hecho refirió “mi mamá me dejó ir”. “Yo esperaba que me dijera no te vayas.” Poco tiempo antes de la muerte de su madre, le preguntó por qué la dejó ir, y ella le respondió vos no te acordás cómo te trataba tu papá. “Mi papá cumplió su cometido, quería que me casara y lo hice.”

Me pregunto ¿pagar la ausencia?, como hipótesis de trabajo se intentará abordar el significante abandonica en sus despliegues en la cadena significante, que Mariela cristaliza en su ser, nombrándose a sí misma, ¿o podría estar en relación a su madre?, ¿o al significante madre? Mariela tiene 4 hijos, los dos primeros varones, al igual que el cuarto, pero su tercera hija es mujer. Cuando su hija tenía 9 años, que para aquel entonces convivía con su madre, esta última decidió irse a vivir con su hermana a otra provincia. De ello enunció “mi hermana siempre tuvo mejor posición económica que yo y mi madre era muy convenida, sentí que yo no valía nada para ella”. Expresó con enojo y angustia que su madre al fallecer, ella no pudo darle un beso. Mariela comenzó a desplegar su enojo hacia su madre muerta, por momentos la nombraba en presente y perfecta. Conservaba todas sus pertenencias y comenzó a usar su ropa, había colocado una foto de su madre la cual miraba, le hablaba contándole su día y le suponía respuestas. Como así también tenía a la vista sus cenizas. ¿Aloja a su madre como si estuviera viva?

En relación a lo pulsional, el Drang, fuerza constante que no cesa, que presenta la imposibilidad de medición y que produce un plus. Exige su cancelación en la Ziel, lograr su satisfacción, pero los caminos para ello suelen ser diversos. En procesos de meta inhibida, la satisfacción es parcial. (Freud, S.; 1915). En cuanto al objeto según Lacan, J., (1964): “es enteramente indiferente” (p.175), él lo nombra objeto a causa del deseo, el contorno que realiza la pulsión en torno al objeto para alcanzar su satisfacción.

La pulsión se presenta en la clínica, en este caso tomaré la pulsión escópica. Mariela nombra que ella mira la foto de su madre fallecida, y la foto la mira, ser mirada por su madre. Se hace mirar por la analista, en el uso de los ropajes de su madre en la sesión. ¿Se disfraza de su mamá?, ¿simula ser ella? Según Lacan, J. (1964): “imitar es reproducir una imagen. Pero, para el sujeto, intrínsecamente, es insertarse en una función cuyo ejercicio se apodera de él.” (p. 107). Ella misma se mira en el espejo haciendo uso de los ropajes de su mamá. Satisfacción que la mirada exige.

Mariela estaba a la espera del nacimiento de su nieto; en un fallido lo nombró su hijo al momento de abonar los honorarios de la sesión, no se ubica como abuela, se ubica como madre ¿el lugar de abuela estaría reservado para su difunta madre?

Trajo a sesión dificultades en relación al viajar en colectivo, manifestaciones de angustia, pero si viajaba en tren ello no acontecía; relató un accidente en el que viajaba con su actual marido a la costa y se produjo un choque en cadena. En ese accidente ella se ubicó en una posición fetal, gritó y lloró. Aunque según ella no condecía a lo ocurrido, dado que no hubo daños físicos. Asoció con otro accidente ocurrido, choque vehicular, en el mismo día calendario pero con ella estaba su nieta. Su posición fue abrazarla, ampararla para que no saliera dañada.

Intervine descarrilar, trajo un recuerdo de sus 14 años, que al regreso a su casa, luego de su día escolar. “Caminaba por la misma línea, las mismas baldosas, hacía el mismo recorrido, no me desviaba, y golpeaba tres veces un pañuelo” entraba a su casa y se fijaba que su padre no estuviese en la cama, “si él no estaba en la cama todo marchaba bien sobre ruedas”. Por un tiempo, cedieron los temblores, el vértigo, la sudoración en las manos, en relación al viajar en colectivo.

Mariela no estaba pudiendo trabajar, lloraba, miraba la foto de su madre, sus cenizas, asistía a sesión vestida con ropa de su madre; se fueron desplegando los ropajes de mamá y el lugar de su mamá en ella, en sus dobleces. Hasta que comenzó a regalar algunas de sus cosas, y esparció sus cenizas. De ello enunció “le encontré un lugar a mamá”. Luego, de relatar en diversas sesiones la pérdida de la casa de su madre, adquirida con un plan de ahorro.

Al tiempo, reapareció la sintomatología en relación al viajar. Ubicó que le pasaba con su marido en su auto. Refirió “todo toma mucha velocidad”. Intervine ¿mucha velocidad? Recordó que tras la separación de sus padres, ocurrida en el mes 8, viajaron a otra provincia, su madre, ella y hermanos, “salimos rapidísimo”. Una vez instalados, en el mes de octubre ella aprendió a manejar. Refirió “en aquel tiempo era osada”. Manejaba sin registro.

Asoció que en el mismo mes, octubre, le entregaron su actual auto en el cual tuvieron el accidente y el que adquirió con un plan de ahorro. Expresó que no le gusta denigrar al hombre, por lo tanto “el caballero” maneja. Manifestó “cuando él maneja siento que voy volando, muda y agarrada.” En su discurso aparecía con insistencia “plan de ahorro”, un tiempo ella había trabajado vendiendo planes de ahorro de auto, al igual que su madre, pero cuando su madre trabajó de ello ella lo nombró como una deshonra, porque le parecía que mendigaba.

Intervine si otro maneja lo auto ¿qué de la honra? A lo que abrió, en la fecha 8/8/88 ella armó un plan, y se escapó con sus tres hijos en un vuelo, diciéndole que se iba de visita a la casa de su madre. Su primer hijo hacía meses que vivía con su tío y abuelos, quienes lo cuidaban tras una internación del niño, en el mes de octubre, en la cual había estado en riesgo su vida. Relató en diversas sesiones escenas siniestras de violencia, de su ex esposo para con ella y para con los niños. Enunció “Yo lo abandoné”. Que se desplegó en relación a su primer hijo y al ex marido.

Una vez en la casa materna, con sus cuatro hijos. Su ex marido fue a buscarlos y ella lo amenazó “si te acercás a mí o a mis hijos te mato”. Armó una defensa legal y se separó de él. Enunció, en diversas sesiones “a mis hijos los crié sola”.

Freud, S., (1914), en “Recordar, Repetir y Reelaborar”, relata los cambios acontecidos en la técnica psicoanalítica. En su inicio el acento estaba puesto en reproducir el momento de la formación del síntoma haciendo consciente. Para aquel entonces, se apoyaba del auxilio que le prestaba el estado hipnótico. Luego, renunció a esa técnica e introdujo la regla fundamental. La interpretación le permitía sortear las resistencias. Con el afán de que aflore lo impedido de ser recordado en el avance de la cura psicoanalítica. El foco seguía siendo aquellas situaciones por las que se contrajo la enfermedad y la formación del síntoma. Pero, en la nueva técnica se encontró con, (dependiendo el caso y el momento analítico que estaba atravesando el analizado), según sus palabras: “el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa.” (p.152).

La repetición, en el discurso de Freud se le hace presente en la clínica, no hay asociación ya que no hay retorno de lo reprimido vía el recuerdo, aparece la ausencia de contenido. Y ello a condición de la presencia de la figura del analista, in effingie, in absentia. (Lacan, 1964). Según Lacan, J. (1964): “la resistencia del sujeto, que se convierte en ese momento en repetición en acto.” (p. 59).

Prosiguen las sesiones con Mariela llega tarde dos veces seguidas, de ello dijo que hubo una dificultad en el tren en el cual viajaba y, la segunda vez que se le había roto el auto en el transcurso del viaje, como así también enunció que lo que más le molestaba era “llegar tarde”. Repite en acto. La tyche, el azar, el encuentro fallido con lo Real, lo que ella nombró como dificultad del tren o rotura del auto. Lo que le permitió traer un sueño al análisis, en el que ella estaba con ambos padres (dos) y su ausencia, “llegar tarde” al departamento de su madre, a la que halló muerta.

Según Freud, S., (1914):
“Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter. Y además durante el tratamiento repite todos sus síntomas.” (p. 153)

Superponiéndolo a las palabras oídas de su madre, “Dios no quiso que yo estuviera en la muerte de mi mamá ni de mi papá”. A lo que intervine diferenciándola de su madre. Según Lacan, J., (1969): “La repetición exige lo nuevo, (…), no es más que la alienación de su sentido” (p. 69). En otro apartado Lacan, J., (1964) dirá en relación a la red de significantes: “porque uno regresa, vuelve, porque uno se cruza con su camino, que los cruces se repiten y son siempre los mismos” (p. 53).

La paciente continúa en tratamiento, solicitó a la analista un certificado de asistencia para ser presentado ante la aseguradora, con ello pretende que la misma reintegre los honorarios de su tratamiento, según ella por los daños psíquicos ocasionados por accidente automovilístico. Que Otro le retribuya, lo que ella no puede enfrentar, la falta.

Bibliografía.
Freud, S. (1914/2012). Obras Completas: “Recordar, repetir y reelaborar y otras obras”. Vol. XII. 2ª Edición. 14ª Reimpresión. Buenos Aires. Amorrortu ediciones.

Freud, S. (1915/2012). Obras Completas: “Pulsiones y destinos de la pulsión y otras obras”. Vol. XIV. 2ª Edición. 15ª Reimpresión. Buenos Aires. Amorrortu ediciones.
Lacan, J. (1964/2013). Seminario XI. “De la red de significantes.” Ed. Paidós. 1° Ed. 21° Reimpresión. Buenos Aires.
Lacan, J. (1964). Seminario XI. “Tyche y Automaton.” Ed. Paidós. 1° Ed. 21° Reimpresión. Buenos Aires.
Lacan, J. (1964). Seminario XI. “La línea y la luz.” Ed. Paidós. 1° Ed. 21° Reimpresión. Buenos Aires.
Lacan, J. (1964). Seminario XI. “Desmontaje de la pulsión.” Ed. Paidós. 1° Ed. 21° Reimpresión. Buenos Aires.

Scroll al inicio
0