Llegó al mundo por un Milagro,
gracias a la buena ventura del santo,
que después de haberle rezado tanto,
hasta su nombre se le debe,
y como sexo femenino tiene,
su abuela reveló,
que se llame donde su cuerpo yace.
Y si Dios, alguna vez, manda
siempre que se lo pueda oír,
su madre le suplicó sin dormir,
al Buen Gaucho Gil,
para que ella esté hoy aquí.
Guastadisegno, Mariana.
Introducción
Concepción concurrió a la primera entrevista de admisión, trajo en su mano un papel en el que se encontraba trazada la fecha y horario de la entrevista. De ello enunció “hoy es un día especial para mí, hace 6 años de la muerte de mi madre”. Vino derivada del colegio, el cual desde hace más de un año, pide tratamiento psicológico y psicopedagógico para sus dos hijos menores. No consultó antes porque “no sabía de qué se trataba”, “tenía miedo de lo que le podían decir”; de Milagros pudo ubicar timidez y reserva de sus cosas personales, “no le quiere mostrar su cuaderno a nadie”, durante la entrevista se le entrecortaba la voz, aludió sequedad bucal y sudoración en las manos, “me cuesta salir sola”; agregó que para poder salir de su casa debe estar acompañada de alguno de sus hijos o su marido, como así también de una botella de agua. No hay pregunta por sus hijos, hay demanda como hija en esa fecha que presentifica la muerte de su madre. Su padecimiento ante lo inasimilable de esa muerte, quien era “todo para ella”, a partir de ese suceso refirió “me cerré como madre”, “no pude lograr el vínculo materno con mis hijos” sujetándolo al hecho de “no haber dado pecho”, palabras que le vienen de Otro (en este caso un pediatra) y que ella reproduce como respuesta a su verdad de madre. En una segunda entrevista, a la cual asistió Juan, su marido y padre de sus hijos manifestó en alusión a la primera entrevista en la que asistió sola “sentí que me faltaba mi pedazo”. En esta oportunidad también trajo un papel en su mano, en el figuraban las fechas de nacimiento de cada uno de sus hijos.
Presentación de Milagros
Milagros tenía 11 años al inicio del tratamiento, refirió de sí: “soy tímida”. En relación al colegio “quiero decirle algo a la señorita y se me baja la mano, no me salen las palabras”; “en el aula hay cámaras, miran si te portas bien y si haces las cosas mal te mandan a dirección”. Y en relación a su casa manifestó: “cuido a mi mamá”, “ella a veces se acuesta en la cama y llora dice que extraña a mi abuela abrazarla y sentirla. Yo le digo ella está en el cielo y nos mira”. Agregó: “Me acuerdo cuando murió, estaba en un cajón (muestra con sus manos la posición), fría, fría.”, “Vamos los sábados a verla y le llevamos flores, cuando hay plata”. Una mirada que no le aparta la vista, una mirada que mira y no es localizable.
Su postura física es encorvada, su caminar tambaleante, apresurado que impresiona torpe, su pelo recogido deja caer mechas en su rostro, viste como niña que no reclama sus prendas, a lo que me pregunto ¿Desde dónde la mira la madre?, ¿La mira al mirarla?
Primer tiempo del juego:
Milagros y la analista jugaron con animales salvajes, cada uno de ellos representó “una mamá” que ubicaba a cada hija “bebé” por debajo de ella. Todos los animales estaban rodeados por una lábil cerca y por fuera de la misma “dos malos que miran”. Los bebés formaron una ronda para contarse un secreto, “los chiquitos cuidan a las mamás”. Una vez en ronda se les solicita a las mamás que enuncien su secreto, la analista intervino: “las mamás cuidan a los chiquitos”. Me sirvo del escrito de Rodríguez, M. M; Peláez, C., (2000) quienes transmiten:
En el inicio de lo humano el desamparo es el primer lugar; en el cachorro humano con su prematurización a cuestas el desamparo podría ser su primer morada. Será función del Otro primordial tomar ahí su relevo, “para hacerle lugar” y sostener esa inermidad, ese desvalimiento primero. Será en los tiempos de la infancia necesario ese refugio en los brazos del Otro, su función de sostén para no desfallecer. Será necesario ser tomado, sujetado para no caer. Función de sostén que protege y pone coto a los peligros en que el niño podría estar expuesto; alojamiento en el Otro necesario para la constitución del sujeto. El exceso en esta función podría operar como nueva función de desamparo si el Otro en lugar de sostener, amparar, cobijar, goza del niño como objeto que tapa su falta. (p 41)
Milagros refirió: “es verdad”, entonces entraron en escena “los malos” que atacaron a todos, las mamás inventaron estrategias para defender a sus hijos. Al llegar la noche, se apaga la luz, y “los hijos duermen pegaditos a sus mamás”. La mirada contiene un peligro, un riesgo, la mirada esconde una amenaza. ¿De qué cuidan los chiquitos a las mamás?
Era frecuente que al finalizar la sesión de Milagros, su mamá solicitaba unos minutos con la analista; en esos minutos traía al espacio de la niña cuestiones de pareja. En una discusión con el padre de la niña, donde el padre enunció que se terminaba la relación. La mamá de la niña intentó arrojar su cuerpo a una avenida con el fin de ser atropellada, su hijo mayor evitó el hecho. Pero, ese intento era parte de la historia familiar, intentaba su repetición cada vez que su marido enunciaba una posible separación. Sostuve esos minutos, hasta que Concepción se dispuso a ingresar en un espacio propio de análisis.
En ese primer tiempo, la mirada se hizo presente con un tinte persecutorio, en la mirada de los ositos, en la mirada de los indios, como así también “desde la ventana miran”; en el juego la invención intentaría funcionar como velo a lo Real, la mirada que no cesa de mirar, se localizó en el tiempo de juego en los objetos a los que se le atribuye la mirada.
Por la noche al apagarse la luz, el bebé “zorrito” se escapa del regazo de su madre para irse a investigar. Al despertar su mamá, poco toleró su desaparición e irrumpió en llanto. El bebé se escapa de la mirada de su madre, ante esa privación aparece la angustia materna.
Luego el juego de la mamá y su hija pasó a un juego personificado, y las sesiones transcurrieron en dos tiempos, un tiempo con luz y otro en el que “se corta la luz por una semana”. Con luz, la mamá preparó la comida y sus hijos jugaron en su presencia. Mientras el papá “está de vacaciones en Miami”. Sin luz, la voz irrumpió de aquellos que tocaban la puerta, uno tras otro. Primero el pizzero, quien trajo consigo 50 pizzas y pidió refugio de los ladrones tanto para él como para su familia. Luego, el aguatero quien trajo consigo 50 litros de agua también pidió refugio de los ladrones tanto para él como para su familia. Y el heladero con 50 kilos de helado quien pidió refugio para él y su familia. Hay algo que falta, “la luz”, en su aparición de corte sustrae la mirada, pero también apareció el exceso y la repetición del 50, sin cuenta, lo ininterrumpido. Y un padre que por su lejanía no mira. Se intentaría bordear esa falta con la invención de trampas, estrategias, que impiden el ingreso de aquellos que acechan por fuera de la casa.
Segundo tiempo del juego
En el juego irrumpió una voz, “el cartero” que trajo las cuentas para pagar. A la mamá no le alcanzaba la plata, se debía un millón de pesos, “la casa está hipotecada”. Aunque ella salió a trabajar, “gana poco”, el papá ayudó con las cuentas. Los cortes de luz continuaron; con luz, la mamá cocinaba pero sus hijos mientras tanto salían a jugar al patio sin su presencia, a la mamá “se le quema la comida” y al papá eso no le gusta. Cuando la mamá no mira a sus hijos algo le pasa, algo le falta.
Según Lacan, J. (1964/2013):
El sujeto encuentra una falta en el Otro, en la propia intimación que ejerce sobre él el Otro con su discurso. En los intervalos del discurso del Otro surge en la experiencia del niño algo que se puede detectar en ellos radicalmente –me dice eso, pero ¿Qué quiere? (…) El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las fallas del discurso del Otro, y en todos los por qué del niño no surgen de una avidez por la razón de las cosas – más bien constituyen una puesta a prueba del adulto, un ¿por qué me dices eso? Re-sucitando siempre de lo más hondo -que es el enigma del deseo del adulto. (…) Para responder a esta captura, el sujeto, (…), responde con la falta ascendente, con su propia desaparición, que aquí sitúa en el punto de la falta percibida en el Otro. El primer objeto que propone a ese deseo parental cuyo objeto no conoce, es su propia pérdida ¿Puede perderme? (p. 222)
¿Qué le pasa a Concepción sin la presencia de la hija? ¿Concepción ejerce la función materna? ¿Qué lugar ocupa Concepción, el de hija?
Lacan, J. (1969), en “Dos Notas sobre el niño” diferenció el responder de realizar. Responder como sujeto al Otro, desde el lugar inicial donado y configurado por el Otro, la elaboración del sujeto en su respuesta, al no todo, es la presencia del intervalo, el trazo propio, lo no idéntico. Y realizar es saturar, sustituir a ese objeto que debe faltar, falla la falta.
¿Qué lugar se le asigna a Milagros?, como objeto de la mirada materna, si Milagros se corre aparece la angustia materna, ¿de qué cuidan los chiquitos a las madres? ¿De qué no se angustien?
En el par presencia – ausencia, dado que el Otro no está presente, el niño de una situación que le produce angustia en el juego puede hacer algo con eso que lo angustia, obtener placer. Esto se da ante la ausencia del Otro, lo que permite preguntar por el deseo del Otro, en la introducción de la metáfora paterna, si hay respuesta hay triunfo del sujeto (Jacques-Alain Miller, 1983/2007).
La escritura del verso transcripto al inicio del presente escrito, lo realicé después de una entrevista con la madre de Milagros. En esa entrevista ella describió que luego de una consulta ginecológica, la médica tratante “prohibió” quedarse embarazada, por el riesgo para sí o para el bebé, dado que se le había realizado a Concepción una extracción de una parte del útero, para realizar una biopsia por posible cáncer de útero. Palabras que no fueron atendidas por ella y antes de tener relaciones son transmitidas al padre de la niña. En esa descripción de la relación sexual, ella se ubicó como objeto de Otro, y nada de lo amoroso aparecía en su discurso. Cuando la sugerencia médica indicaba “cuidarse”. Ante la falta, extracción de una parte del cuerpo, que alerta de lo que no andaría bien, de la finitud de la vida, Concepción engendra un hijo, tapona la falta. ¿Podría haber quedado Milagros, en el lugar de lo prohibido?
En la actualidad Milagros continúa en análisis, jugamos a la ausencia en la presencia. En el juego de las escondidas, o en el juego de la escuela, en el cual ella es la alumna y la analista la señorita que se va a la reunión de profesores y los niños mientras tanto juegan.
Bibliografía
Jacques Lacan, 1969, « Dos notas sobre el niño » publicado en Intervenciones y Textos 2; Lacan, Jacques. (1969/1988). “Dos notas sobre el niño”. Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial.
Lacan, Jacques. (1964/2013). “Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis”. Seminario XI. Clase XVI: “El sujeto y el Otro: La Alienación”. Buenos Aires. 1ª Ed. 21ª Reimpresión. Ed. Paidós.
Miller, Jacques- Alain (1983/2007). “Dos dimensiones clínicas: síntoma y fantasma”. 1° Ed. 8° Reimpresión. Buenos Aires. Ed. Manantial.
Rodríguez, M.M.; Peláez C. (2000). Un niño se ha perdido. Revista Psicoanálisis y Hospital 17, 41-44. Buenos Aires. Ediciones del Seminario.