¿Jugamos a lo loco?

Colegio de Psicólogos Distrito XV
Seminario “Clínicas con niños I. Los tiempos del juego y del dibujo”
Enseñante: Lic. Giselda Batlle.
Año: 2015

Escrito realizado por: Lic. Guastadisegno, Mariana.

¿Jugamos a lo loco?

En el presente trabajo se abordará un caso clínico que llegó a mi consulta por una derivación realizada desde la admisión del Centro al cual pertenezco. La solicitud de consulta psicológica provenía del campo de la neurología.

Luego de la realización de diversos estudios neurológicos a una niña de 7 años, a quien de aquí en adelante llamaré Lucrecia. Al no arrojar, dichos estudios, algún causante específico abordable desde esa rama. Entonces, se consideró algún causante emocional. Fue así que asistió a la primera entrevista la mamá de la niña, acompañada de su actual pareja.

En relación al motivo de consulta refirió “me mandó la neuróloga, porque Lucrecia no escribe, no entiende las consignas, no tiene la dimensión del renglón. Camina de un lado para otro, es muy activa, se mueve y hace ruidos con la boca, como un rechinido. Pero el estudio de los parásitos le dio negativo. Le cuesta mantener la atención, no identifica el adentro del afuera. Se frustra rápidamente ante un no. La están tratando desde los 4 años de edad”.

Le subrayo a modo de interrogación ¿desde los 4 años?, y ella agregó “su primo de línea paterna tiene Síndrome de West.” Al momento de la consulta, le habían realizado un estudio genético a Lucrecia y estaban esperando su resultado.

La mamá continuó, en esa primera entrevista, agregando cuestiones de su hija, a modo de un listado. Y enunció que Lucrecia tenía un desorden emocional. Palabras de la neuróloga tratante, que esta mamá reprodujo configurando un sentido ante aquello que no comprendía de su hija. No se mostraba angustiada.

Le pregunto a modo de hacer un corte posible, ante ese discurrir sin corte, ¿Qué de lo que nombraste de Lucrecia te inquieta? y conteniéndose de no llorar respondió “me preocupa que no pueda aprender a leer ni a escribir”. A lo que asocio que tal vez tendría que ver con la separación de ambos padres, acontecida (de hecho) a los 3 años de la niña.

Lucrecia había repetido primer grado, y el colegio al cual asistía no aceptaba repetidores. Su hermana mayor continuaba en ese colegio y la mamá estaba en busca de un nuevo colegio para Lucrecia. Intervengo que sería apropiado tomarse el tiempo necesario en esa búsqueda, para que ese nuevo colegio acepte y acompañe a la niña en su escolaridad desde su singularidad. Se le ofertó el espacio para trabajar en ello.

Sostuve varias entrevistas con la mamá de la niña, antes de invitar a jugar a Lucrecia. En esas entrevistas intenté movilizar, desplegar los significantes “desorden emocional”. Lo que condujo a abrir significaciones, el padre de la niña visitaba a sus hijas sin un previo acuerdo, el padre ingresaba al domicilio que fue la casa de familia, ya que él aún tenía la llave y se desarrollaban escenas de merienda sin la madre presente o de cena con la madre presente, como si la separación no hubiera ocurrido. Ambos padres, al momento de la consulta, habían formado nuevas parejas, la pareja de la madre de la niña era nombrada como un amigo, a lo que Lucrecia en una ocasión advirtió a su mamá “vos no podés estar de novia porque no estás divorciada”. Tampoco quedaba claro qué días eran los que Lucrecia dormía con su papá o con su mamá. Mis intervenciones intentaron establecer pautas posibles en un ordenamiento en tiempo y espacio, como así también nombrar a cada quien por su relación.

En aquella frase que la madre reproduce de Lucrecia, se ubica un intento, desde los recursos de la niña, de recurrir a la Ley, que algún orden se establezca.

La elección del nombre la realizó el padre de la niña, este hecho ocurrió en el velorio de la Bisabuela (de línea materna) de la niña, para ese entonces la madre cursaba el sexto mes de embarazo. En relación al nacimiento, la mamá enunció “nació asfixiada, estuvo una semana internada en neonatología. Le costaba tragar, respiraba y se ahogaba, le costó prenderse al pecho. Tomó leche materna un mes, ya que yo volví a trabajar”.

Durante ese tiempo de internación de la niña, la mamá solo la visitaba una hora por día, día por medio. Dado que para ese entonces su otra hija tenía 3 años, “tenía que cuidar de mi otra hija”. Los cuidados de Lucrecia fueron reservados para el personal de la medicina. Ya que su padre trabajaba varias horas por día.

Los síntomas anteriores a la muerte de la Bisabuela fueron que no podía tragar. De ello la madre de la niña enunció “se le había muerto una parte del cerebro”. Esa parte imposibilitaba el alimentarse vía oral, estuvo una semana internada y falleció. A lo que me pregunto si el advenimiento de Lucrecia podría haber quedado superpuesto, intricando con esa muerte. Intento abordar esa hipótesis, y otra muerte se despliega. La madre de la niña expresó que al año de vida de Lucrecia, falleció su abuelo (de línea materna) de un infarto. Sobre ello refirió: “nunca vi llorar a mi madre, dado que tenía que soportarnos a todos nosotros que estábamos muy mal”, “para uno es difícil la pérdida”.

Su modalidad de expresión frente a la muerte de su padre, en la primera frase se refiere a sí misma conteniéndose en el plural. En la segunda frase se nombró desde el “uno” continuando la acción en el presente. Como lo que no se puede bordear, nombrar desde el campo del significante. ¿Quedó detenido el duelo?, me pregunto si esta mamá en aquel tiempo difícil para ella, habrá podido sostener a su hija.

En relación a la alimentación de la niña su mamá enunció que Lucrecia “no come carne muerta”, que no sabe de dónde lo sacó pero que la niña no come carne dado que de ello refiere “es cruel matar a un ser vivo”. A lo que me despliega a formularme ¿un ser muerto que se mantiene vivo?, ¿un duelo no elaborado?, lo que no sería posible incorporar ¿es la ausencia?, se trataría de una superposición de lo muerto-vivo, sin intervalo.

Siguiendo a Freud, S. (1913-14/2011) “Tótem y Tabú”, uno de los rasgos esenciales del Tótem han sido originariamente una especie animal, apreciados como los antepasados del linaje que se heredaban por línea femenina. De los que se desprendieron dos principales mandatos, no matar y no mantener comercio sexual entre los miembros pertenecientes al mismo clan. Si el animal totémico es sustituido por el padre, esas leyes tabú están en concordancia con el asesinato que cometió Edipo a su padre y que tomó por mujer a su madre. Que coinciden con los dos deseos reprimidos del Complejo de Edipo. A lo que me pregunto sobre la ley del padre, ¿opera la ley en este caso? En cuanto quien la porta como sede, es la madre. Y su agente, el padre real quien impulsa su funcionamiento.

Desde los 2 meses de la niña, aproximadamente, hasta la fecha quien cuida a la niña, la mayor parte del tiempo es su abuela. Cuando el abuelo de la niña fallece, ambos padres deciden mudarse a la casa de su abuela, de línea materna. Construyeron allí, en un sector de la casa, lo que actualmente es hoy su vivienda. Al poco tiempo se separaron.

Desde sus primeros días de nacida Lucrecia durmió con su mamá en la misma cama, porque ella tenía miedo de que se ahogara. Hasta los siete meses durmió sentada. La mamá de la niña enunció que se sentía sola, que tenía mucho miedo que le pase algo a Lucrecia y no podía contar con el padre, fue entonces que le pidió la separación. Y con mucha angustia esbozó que ella cree que lo que le pasa a la niña tendría que ver con que nació sin aire, como así también teme que pueda tener el Síndrome de West, de ello enunció:“por eso siempre la llevé mucho al pediatra”.

Esta mamá llegó a mi consulta enviada por la médica tratante de la niña, no hay pregunta que la lance a la búsqueda de saber por lo que le acontecía a su hija, pero al dirigirse a la terceridad, en las sostenidas consultas médicas, hay una demanda de respuesta que el Otro le brinde, por la herida de la imagen narcisista que esta niña le causa (Flesler Alba, 2014). Pero, para ello ¿esta niña ha sido alojada en el deseo de los padres?

Me sirvo del escrito de Batlle Giselda (2012), que nos transmite que “en la inhibición se trataría de la caída de lo imaginario sobre lo simbólico, que obtura el agujero de los simbólico. Esta caída se produce por el exceso de sentido (p. 41). ¿Se podría pensar en una inhibición en este caso?

En su primera entrevista Lucrecia enunció que ella estaba en consulta “porque la abuela le dijo que no crea que son mentiras que tiene problemas neurológicos pero que la madre le dijo que tiene problemas neurológicos”.

Durante varias sesiones jugamos con las barbis, en principio ella representaba a la mamá y la analista a la niñera. La mamá entregaba a la hija (bebé) al cuidado de la niñera, el bebé lloraba, pero la mamá estaba trabajando y el jefe no la dejaba volver a su casa con su bebé, dado que la amenazaba con ir a la cárcel. Cuando el bebé lloraba, la analista le pregunta qué le pasaría al bebé, Lucrecia respondía que tenía hambre o que extrañaba a su mamá, entonces inmediatamente su mamá se comunicaba telefónicamente y le ordenaba a la niñera que le muestre una foto de ella para calmarlo.

Luego, los roles cambiaron. La analista representaba a la mamá, Lucrecia a la hija (12 años), había una bebé y dos hermanas más, representadas por muñecas casi de su edad cronológica. Cuando la bebé lloraba, ella manifestaba que tenía sueño, una vez el bebé durmiendo aparecía un personaje invisible, que quería matar al bebé. La mamá pedía ayuda a la policía, pero cuando esta acudía poco accionar tenía.

Después de meses de iniciado el tratamiento, logramos acordar la primera entrevista con el padre de Lucrecia, él no consideraba que la niña necesite tratamiento, y en relación a la separación enunció “que la madre cambió de equipo”; él se considera una persona dedicada al deporte y que cuando la mamá y las niñas comenzaron a practicar patín, cuando antes toda la familia practicaba vóley, él comenzó a sentir celos lo que, según él condujo a la separación. Él promovió que la educación desde el nacimiento de su primer hija esté dividida, que la madre se dedique a lo él nombró lo intelectual, dado que no había finalizado el secundario. Y que él se dedicaría a lo físico dado que era lo suyo. ¿Un cuerpo dividido?, ¿sin libidinizar?

Lucrecia tenía un hablar inentendible, dado que las palabras las enunciaba en un ritmo veloz, constante, parejo, sin intervalos y con pocos cambios de tonos en la producción de énfasis. Cuando en el juego, aparecía lo siniestro su brazo izquierdo se rigidizaba, tomando una postura robótica. Cuando se mostraba contenta o se excitaba se sentaba y se acunaba velozmente. Su párpado derecho lo pestañeaba sin cesar cuando, al inicio de la sesión quería contar algo en relación a su hermana o alguna escena escolar.

En las escenas de juego con la niña, ella introdujo que una de las hermanas tenía un novio. En una sesión apareció un hermano y en otra un perro, nombrado de la misma forma que el papá, el cual se rompía o se enfermaba. A lo que acudía la figura del médico para curarlo. Lucrecia enunció “todo tiene arreglo menos yo”. A lo que intervine: sí es todo, estás incluida vos. Me abrazó y manifestó “te quiero”.

Se ubicó una entrevista con la mamá, dado que la niña había llamado al padre refiriendo que la madre había muerto en un accidente. Lo que la angustió y le permitió desplegar algo en relación a la cantidad de horas que trabajaba, lo que la dejaba con poco tiempo para el cuidado de su hija y cuando estaban juntas estaba cansada.

En otras escenas de juego, no había comida, el bebé lloraba pero no se lo podía alimentar porque no había plata para adquirirla. O había que cambiar al bebé porque se había ensuciado; si el bebé se ensuciaba a ella se le escapaba un gas. Lo que daba cuenta que en determinados momentos, ciertos diques represivos fallaban o no estaban instalados como la vergüenza. A lo que intervine: ¿de jugando le pasa al bebé?, y con voz suave, casi contándole un secreto ¿Lucrecia, tienes ganas de ir al baño?

Lucrecia en el juego, continuó siendo la hija y la analista la mamá, pero una hija mayor de edad que tenía una hija. Una hija que estaba “loca”. Llevó a su hija a la psicóloga. Su hija con la psicóloga, con voz diabólica expresó “quiero matar a mi hermana”. Y su madre manifestó a la psicóloga “por la noche es sonámbula; se levantaba y come chocolate”. La psicóloga intervino: a su hija le encanta el chocolate, lo come hasta dormida.

Cuando la analista observaba que Lucrecia estaba excitada, contenta, enojada o angustiada lo que la llevaba a cambios en sus posturas corporales, movimientos de balanceo o rigidación de su brazo izquierdo, fue puesto en palabras, nombrado y acompañando, para cada estado de ánimo un tono de voz acorde al mismo. Algo de ello operó, dado que la rigidación del brazo izquierdo no continuó.

En el juego, su hija comía mucho chocolate, luego vomitaba y ella representando a su mamá le daba asco, vergüenza. Se trabajó con ambos padres, por separado, en la inclusión de una segunda sesión semanal. A lo que Lucrecia enunció “ahora entiendo porque vengo acá, a jugar con vos, porque mi mamá no tiene tiempo para jugar conmigo. Aunque mi hermana necesita una psicóloga porque ella está loca.”

Lucrecia continúa en tratamiento; en la actualidad, apaga la luz y asusta a la analista, la analista se asusta y manifiesta que tiene miedo. En relación a ese juego en una sesión ella manifestó “sos una loca”. El significante loco, se pone a jugar en las diferentes escenas, a circular, abriendo, desplazando eso coagulado en su ser. En el jugar como “loca”.

Bibliografía
Freud, S. (1913-14/2011). Obras Completas: “Tótem y Tabú y otras obras”. Vol. XIII. 2ª Edición. 11ª Reimpresión. Buenos Aires. Amorrortu ediciones.
Flesler, A. (2014). “El niño en análisis y el lugar de los padres”. 1ª Edición. 4ª Reimpresión. Buenos Aires. Ed. Paidós.
Batlle, G. (2012). Acerca de la Inhibición, como recurso en la constitución subjetiva. El nudo borromeo. Intervenciones del analista. Buenos Aires. Revista Ensayos. N° 5: Encuentros con la Infancia, Julio.

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