Introducción.
Según Lacan (1972):
Un discurso es aquello cuyo sentido permanece velado. A decir verdad, lo que constituye está hecho de la ausencia de sentido. No hay discurso que no deba recibir su sentido de otro. Pero cuando se trata de la aparición de una nueva estructura de discurso tal como el discurso analítico, (…), él no adquiere sentido solo por recibirlo de otro discurso, sino de un conjunto de discursos. (p. 48).
El discurso es planteado por Lacan como una estructura necesaria que excede la palabra, lo nombra un “discurso sin palabras” (p. 10). Si bien las palabras son su soporte material, en él subsisten relaciones fundamentales. Lo discursivo son las relaciones del “parletre” con el lenguaje. El discurso psicoanalítico permite la lectura de la posición del hablante ser en relación a su goce. Lacan formula cuatro discursos en los que distingue estructuras con modos de funcionamiento particulares, serán los discursos los apartados para leer y pautar el goce (Lacan, 1969). En el presente escrito se puntuará lo que fue posible trabajar en relación al caso que a continuación se presentará.
Desarrollo.
Los papás de Ana (18 años) asistieron a consulta, el papá se presentó con una modalidad paranoide, con invariabilidad de concebir al otro, no desplegaba lo uno y lo otro, sino lo único; con esa modalidad este padre ubicaba a Ana. Como efecto de su posición, la analista situó su modalidad confrontativa. Él esbozó que necesitaba un psicodiagnóstico para su hija menor (Ana). Luego, fue deslizando que, “le otorgó a su hija mayor una consultoría”, quien eligió una carrera y al año siguiente se cambió. Él nombró psicodiagnóstico, consultoría, orientación vocacional como sinónimos.
En relación a Ana, a ella también “le otorgó una consultoría con la misma profesional”, quien le dio “varias respuestas” para que luego, “Ana pudiera comenzar una carrera”, porque le salió “cierta orientación” pero, “Ana inició y se frustró porque no era lo que ella esperaba y ahora eligió otra carrera”, “con más dudas que certezas”, y él quería “aclarar esto”. Insistió en preguntar a la analista cuánto tiempo le llevaría a Ana una orientación vocacional porque se acercaba la fecha de inscripción y agregó que no quería un tratamiento.
El padre de Ana se refirió a ella “con falta de conocimiento”, en cuanto a su elección refirió que “no era una elección confiada” y que cuando dialogaba con su hija sobre la misma, ella comenzaba a dudar. La describió “insegura como la madre”, “dubitativa para todo, piensa y piensa, tarda en tomar una decisión.”
La madre describió a su hija (Ana) “introvertida y poco comunicativa”. Y que, “su grupo de pertenencia es Scout”, “no toma alcohol, ni le gusta ir a bailar.” El padre compara a Ana con su hermana, a la hermana la ubicó “se parece a mí es charleta y le gusta salir.” Él recuerda una escena donde después de unos giros evocó que Ana “lo decepcionó”.
En relación a la elección del nombre la madre refirió haberlo elegido en homenaje a su prima muerta a los 36 años por una enfermedad terminal. Y que Ana no es Ana es “Anita”, “ella está inmersa en una inmensa comodidad, no se hace nada sola, ni la comida, no ordena su cuarto, ni su ropa, no viaja sola.”
El padre se imagina que Ana haga algo afín con lo musical, “como por ejemplo estudiar piano”, “como yo estudié”. Y la madre se imagina que “haga algo social”. Ambos, graduados en dos carreras.
Primera entrevista con Ana: “vengo por una orientación vocacional, tenía algo pensado pero soy muy insegura, es una decisión muy importante lo que uno va a hacer, para lo que soy buena, lo que tengo que ser”. “No tengo la suerte de saber qué seguir, no me pasó de chiquita saber qué seguir.” “Estoy completamente pérdida, no sé, no se me ocurre nada.”
En el discurso de Ana aparecen saberes y fijezas, ajenos, coagulados. Ella se reserva algo genuino, “no saber”, que agujerea al padre en su saber; Ana llega adherida al discurso paterno y materno, que incrementa su inseguridad y su posición de estar perdida, dejándola sin ocurrencias. Un mandato a seguir, estudiar una carrera, elegir algo, tomada por las convenciones de su padre y su madre, lo que se espera de alguien desde chiquito, pero, ¿qué hay de su deseo?
Parece arrasada por el discurso universitario que se escribe:
S2 a
S1 $
Ella sabe, tiene que estudiar, sin preguntarse si desea algo en relación al estudio. Se escucha que no ha capitalizado la experiencia anterior, que ella nombró como una orientación vocacional y asiste a la sesión en busca de otra orientación vocacional. Queda ordenada, subsumida a la preocupación parental al respecto. La analista intervino en su “no saber”, no tener ocurrencias, introduciendo inconsistencia en su “tener que estudiar”. Para abrir, qué posibilidades encontraba ella al venir a la orientación, saber qué quiere ella, saber sobre ella. Corriendo el discurso paterno y materno, para la aparición de lo propio.
Ana comenzó a recordar, desplegó escuetamente recuerdos entre los 5 y 10 años, estos giraron en torno al ser llevada junto a su hermana por su mamá. Ana fue llevada y traída por su madre a las sesiones, ella no viajaba sola, ni a solas. En sesión desplegó los lugares que la mamá la llevó, “ella me quiso llevar”, Ana aparece ausente de lo propio. “No me gusta ir sola”, “sola me aburro”, “nunca se me ocurrió ir sola”. Su dificultad residió en desconocer lo propio, ella aparece en oposición de lo que no es, lo que su hermana mayor no es. Lugar fraterno asignado en relación a su padre y su madre. Las intervenciones se realizaron en función de diferenciar sus gustos e intereses. Ella tomada por lo ilusorio no diferenciaba su acto. No podía pasar al acto, ya que un movimiento de esas características implicaba una cesión de goce. Entonces, “era mamá quien te quería llevar, te llevaba”, para introducir el ser llevada a diferencia de dejarse llevar. Ana comenzó a trasladarse sola al consultorio, que le quedaba cerca de su casa y de sus papás.
Trajo un sueño a la orientación, lo recuerda a la edad de sus 15 años, ella lo consideró como medio raro, “estaba durmiendo y entró un pajarito por la ventana, se posó en mi almohada, me despertó y fui corriendo a contarle a mi papá”. Asoció que el pajarito era un zorzal; antes de manifestar ese sueño desplegó “que las cosas del colegio las hacía porque las tenía que hacer, porque le decían sus papás”; relató una escena escolar donde le daba lo mismo participar, sentía que no participaba. Ella entrega su saber a su padre, lo íntimo lo privado como su sueño, padre que le dio una orientación para que ella sepa; ella se sacrifica ante él, en su propio sacrificio. Goce en demasía, ¿qué lugar tiene Ana para este padre?, ¿le da un poder sobre ella?, saber por ella, que la anula. Se intervino ¿qué se imaginaba ella que le podría haber dicho ese pajarito?, ¿qué le querría decir?; pajarito que la despertó, despertar para introducir despertarse de sí misma.
El inconsciente es otro nombre del saber simbólico, constituye un saber desconocido por el sujeto. La analista apuntó al saber del propio deseo inconsciente de Ana; el saber inconsciente es irreductible. El acceso a este es mediante la asociación libre en el tratamiento psicoanalítico. Según Lacan (1969) “saber al goce del Otro” (p.12). El saber tiene con el goce una articulación esencial, el goce necesita de la repetición. En la metonimia de la cadena significante, discurre el goce; el saber (S2) es un medio que posibilita producción de goce a ser identificado por la analista.
Ana pertenece a una organización laica Scout, en donde el Otro, “los adultos” eligen y piensan por ella. Ella queda en el lugar de “niña”. Repitiendo su modalidad de ocupar un lugar en la estructura familiar alienada a lo que el Otro le pide. “Prefiero hacer algo que no me muestre, participar como por detrás”, “no ser la figura principal”, ella se guarda para preservarse. Tiene tanto guardado que no muestra, que no puede mostrarlo, inhibido, está encerrada en el Otro, sin poder recurrir a ella. Cómoda en un diseño de Otro.
Ana piensa en anotarse a dos carreras, el dos que insiste, de a dos, abrió a asociaciones elegir dos. Luego, ella comenzó a buscar y encontró una carrera que según ella “le atrae”, en una universidad cerca de su casa. Cerca, para que no le genere demasiada angustia.
Cuando apareció algo nuevo, Ana trae el mensaje de su padre a la analista, que él no puede ubicarla (telefónicamente). La analista se contactó con él y en esa comunicación solicitó que se finalice la orientación y que se le envíe un informe vía email. Si Ana se expone entra en conflicto con lo que se espera de ella. Ella se pierde de sí misma en esa entrega.
Se cortó unilateralmente la orientación vocacional. Orientación vocacional que no pudo llegar, ya que muy lejos de esto estaba Ana y su padre toleró el tiempo que él pudo que la demanda no se le sea respondida por parte de la analista.
Lic. Guastadisegno, Mariana.