Patologías graves. Vicisitudes en la clínica actual en tiempo de Pandemia

Patologías graves. Vicisitudes en la clínica actual en tiempo de Pandemia.
Lic. Guastadisegno, Mariana.

Tomando las palabras de Itziar Fernandez Cortés y Lorena Zamora Blanco (2020), “Mi casa es un castillo”:
“Érase una vez…
Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano, hombres y mujeres se dieron cuenta de que las obligaciones y los trabajos les robaban demasiado tiempo.
Las personas se cruzaban por las calles andando muy deprisa; algunos casi ni se saludaban.
Las carreteras echaban humo y apenas se podía circular.
Las casas estaban vacías y, cuando sus habitantes llegaban por las noches, solo les daba tiempo a dormir.
Cuenta la leyenda que quizás este fue el motivo por el que un extraño virus empezó a poblar sus calles.
Entonces las mentes más sabias del pueblo se reunieron y se les ocurrió que para vencer al virus podían jugar al escondite.” (p.6)

Estamos atravesando un momento singular, algo nuevo nos desafía, estamos intentando responder, estar a las alturas de las circunstancias, cada uno con su estilo, cada uno con sus diferencias, sus particularidades, con sus singularidades.

Lo colectivo se pone en juego, en movimiento, no sirve algunos, sino cada uno conformando un nosotros, para que lo pandémico pase a ser epidémico, es un momento inaugural de la vorágine que veníamos transitando en esta época contemporánea, las luces, la calle, los ruidos, los sonidos, lo festivo, el tránsito, lo transitorio, el consumo, nos tenía distraídos en el individualismo, en el producir, reproducir, en el poseer, tener, lo institucional. La restricción del movimiento, de la circulación, tomó una dimensión universal. Se conformó un nosotros, un hacer, un hacer haciendo, cada uno en su lugar, en su casa, en el mejor de los casos. Se establece un común denominador: el valor de la vida, con la caída de valores máximos de la época, el valor del capitalismo, del dinero, de los medios de producción.

Se produjo una pausa, lo que vislumbrábamos a lo lejos en otros continentes, llegó a Latinoamérica, y se instaló en Argentina, una ola, que se moviliza, que nos moja, que todos estamos atravesando, un momento que nos conmociona; algunos desean salir sin mojarse de esta grave situación, situación seria, dejamos de lado lo festivo, y nuestros gobernadores debieron tomar medidas, necesarias, con el fin de que la peste pase, aún no sabemos los saldos de este momento, los lugares vacantes que resultarán de este tiempo, lo podremos ver y pensar en retrospectiva.

Se sitúa la pregunta por el tiempo, el paso del tiempo, cuánto tiempo, el tiempo es lo cuantificable, lo finito de lo humano prevalece en la conciencia, se trata de números, de cantidad de muertos, ¿es un antes y un después?, por ahora estamos transitando este tiempo.

Una molécula proteica tomó el centro de la escena, y en un nosotros (caída de las diferencias) se intenta “vencer” aquello que no vemos; los diferentes países fueron aplicando diversas políticas sanitarias, económicas, legales, aplicación de protocolos, de medidas, de resoluciones.

Muchos países cegados en el afán de sostener el sistema económico, se intenta pagar lo no cuantificable en un valor monetario, la vida. En el caso de Argentina, se tomaron medidas estrictas, que algunos pudieron llevar adelante, otros no, según las diferencias, las circunstancias de cada familia, algunos hacia la obediencia de la ley, otros porque pueden elegir la ley, otros con una relación particular a la ley.

Desde el lugar del analista tuvimos que ceder las sesiones presenciales, el espacio real del consultorio, los juguetes, y hacer entrar un espacio virtual, una relación particular con el objeto; los objetos, la imagen se deconstruye, el mundo en el que vivimos ya no es el mismo, y aparece la sensación vertiginosa de lo que vendrá. Algunos cambios vinieron para quedarse, otros se irán, en este tiempo de cambios se buscan responsables, la relación del hombre con la naturaleza quedó conmovida.

La menor proximidad nos permite ver con distancia, volver a entrar a la escena, ver diferentes puntos de vista. Se pone en escena la voz, la mirada impide ver, el hablante se acomoda a la apariencia, a lo que supone en la mirada del Otro, y aparece el habla, las consecuencias de lo dicho. La posibilidad de llegar al otro, afectarlo, tocarle su forma, producir algo con la voz, pasa cuando algo pasa, cuando nos dejamos conmover por la experiencia, poder atravesar la vergüenza, devenir otro de sí, dejar entrar lo nuevo, generar otro espacio, otra dimensión. Se corre la mirada para soltar la voz.

Momento de deconstrucción de lo conocido: es nuestra posibilidad de inventar, de crear, de salir, oportunidad para cada uno; es con el otro, todos y cada uno, un nosotros.

Se rediseña lo cotidiano, un movimiento extremo, ¿nos podemos dejar tocar, conmover por los hechos? Entra en la escena el adentro y el afuera, los invito a intentar abordar estas categorías del lenguaje en niños con patologías graves, por ejemplo en niños con presentaciones autísticas: ¿cuál es el estatuto del exterior?, ¿qué relación hay con el exterior?, acaso no es un modo de encierro singular.

Niños con perturbaciones del desarrollo, donde se presenta dificultada la producción lúdica; la dirección de la cura es instar la toma de posición del sujeto y dar una respuesta propia a la demanda del Otro. Freud, S. (1908-2010), “En el creador literario y su fantaseo.” Texto que lo ubicamos en las coordenadas de una lectura económica en relación del principio del placer, afirma: “todo niño que juega se comporta como un poeta”; el creador lúdico, encuentra en la fantasía, cargada de grandes cantidades de monto de afecto, un recurso cuando esta puede tornarse no solo displacentera sino también, altamente mortífera. En el juego, en la compulsión a la repetición, es una tentativa de anulación al displacer. Intenta que el displacer de lo no simbolizable, de lo no inscribible, logre inscribirse en la economía del principio del placer. La dirección de la cura será intentar construir en transferencia, de manera singular, con ese niño y sus padres operar para intentar volver a poner en juego, “la construcción y / o reconstrucción de los puentes significantes.” (Bruner, 2007). Donación de la libido lúdica, que anticipe la fantasía de dolor, la posibilidad de satisfacción, las formas del temor, y de la otredad.

Viñetas clínicas.

La niña S., desde finales de diciembre del 2019, se trabajó en el retiro de su medicación Leviteracetan (3 ml), con buena respuesta, en sesiones a padres antes del decreto de aislamiento preventivo aparecieron frases en el discurso materno cargadas de sentimientos de odio, bronca, no soportar la presencia y la singularidad de la niña en sus modo de manifestarse. La carencia de velos de la madre en relación a la expresión de sus emociones hacia su niña, permite delinear una estructura de borde, con una disociación operante en relación a su tiempo infantil. La niña en este tiempo de aislamiento social presentó descargas psicomotrices, breves, sin daño neurológico constatable, que no constituyen una convulsión pero en su reiteración a corto plazo podrían constituirlas. El exceso del uso de pantallas, con una predisposición orgánica sin la posibilidad de metabolizar lo emocional por otras vías, el sistema propioceptivo busca la descarga, en la carencia de la investidura simbólica del juego. De modo urgente, se intervino en el estudio de un E.E.G. y en una consulta neurológica su médico tratante recomendó volver a la medicación, en entrevistas a padres se trabaja el tiempo traumático cuando la niña presentó los primeros movimientos corporales que se daban antes del dormir y en entrevistas vinculares se le otorga sentido a sus nuevas expresiones del habla y manifestaciones lúdicas.

La niña dispone de sus padres más tiempo, si bien hay nuevas medidas que permiten los paseos por la exterioridad, ¿qué es salir, qué es adentro, qué es afuera?, ¿qué significa para cada uno estar mucho en casa?, es una operación desencontrar la calle con el afuera, la casa con el adentro, ¿por dónde se circula cuando se circula?, solo por nuestra mentalidad, ¿hay un lugar?, ¿no hay lugar?

El niño M., un niño con un diagnóstico de trastorno del lenguaje, le cuenta en secreto a su analista en una escena lúdica que se desarrollaba en el antes de dormir, con la apoyatura de un cartel que había realizado con su madre de tarea escolar, sobre el Covid 19. “Muertos, virus, tele”- dijo M. en secreto, la analista intervino: “voy a llamar al doctor”, se improvisó un teléfono, apareció el doctor con su maletín e inició su consulta, “abrí grande la boca”- dijo el doctor, señala M. al doctor con uno de sus dedos mostrándole su garganta, las palabras no salen de su boca, el doctor dijo:- “cuando tenemos mucho miedo se nos hace difícil hablar, estuve revisando a varios nenes y tienen miedo de enfermarse, para eso estamos los doctores para ayudarlos”. Luego, de tomar su fiebre, revisar su cuerpo, que él pudo poner en palabras como se sentía, el doctor le propuso dormir y le dijo: “los suaves rayos del sol acariciarán tu cara y así sabrás que la mañana llegó”. Se trabaja en entrevistas a padres el riesgo real de los familiares con patologías que los ubica con riesgo en el contagio del Covid 19, sus cuidados y se pone a basilar la identificación del niño al padre en ese rasgo. Para M., hay que conservar la posibilidad de elegir dar un paseo por el exterior.

El niño fija al otro con mayúscula, fijación al rasgo, la movilidad se da en el ceder en la medida que se decida, la dimensión de lo imaginario que no cede, lo fantasmático. Lo invisible y lo visible, cada vez más escondido de sí, la aparición de lo propio, apresamiento del otro con mayúscula, ceder algo de esa inmovilidad, que queda por fuera de la dialectización.

Se trabajó en entrevista a padres con la familia del niño S., en conjunto con el colegio por el rechazo del ingreso de su A.E. en la adaptación de sus tareas escolares, ¿superposición de lugares?; la madre emprende el camino del intento de borrar las diferencias de su hijo con los otros niños, la plataforma escolar acerca los conocimientos para todos, el niño pasa aproximadamente 8 horas al día en la resolución de las tareas.

¿Cómo habitar las escenas actuales?, ¿cómo habita cada uno los lugares en estos momentos? Se han producido muchas operaciones entre los colegios y las familias, los colegios están improvisando, y tienen mucho para revisar: lo que delegan en las familias, cómo lo delegan, cuán acompañado de lo humano viene la delegación de las tareas. Momento para la creación: la escuela es la primera exterioridad para cada niño, primera salida al mundo, es un tránsito a lo exterior, a otro lugar. Con esta suspensión, el supuesto exterior está adentro. Tenemos la singularidad de los padres y de los niños; los padres tienen que acompañar de algún modo lo escolar. La escuela, la familia, y el trabajo en que no se superpongan los lugares.

Hay un lugar muy apreciado respecto de los contenidos, y los padres entran en contacto con el darse cuenta de sus posibilidades de hacer, dimensión de lo que pueden hacer sus hijos, localización de los recursos de cada uno. El niño S., con sus movimientos corporales, encontró los recursos para decir que no, no quedarse sentado, cantar, esconderse. La escuela quedó conmocionada como exterioridad, adentro de las casas: una cosa es un educador y otra cosa es un padre que le acerca contenidos y operaciones; en una superposición hay pérdida, pérdida de exterioridad que hace que un niño quiera ir hacia el mundo.

Bibliografía.

Itziar Fernandez Cortés y Lorena Zamora Blanco (2020), “Mi casa es un castillo.”, El Hilo ediciones, Madrid, España.
N. Bruner. “La hemorragia del juego y su pérdida.” U.B.A. Ciclo de Formación Profesional – Área Clínica. Buenos Aires. 2013.
N. Bruner. “El juego en Freud y la constitución subjetiva.” Revista Imago agenda N° 122. 2007. Buenos Aires.
S. Freud. “Más Allá del Principio del Placer” (1920-22), tomo XVIII en Obras Completas de Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina, 2012.
S. Freud. “El creador literario y el fantaseo” (1908-06), tomo IX en Obras Completas de Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina, 2012.

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